MENSAJE DE LOS DOMINGOS ¡NO SE MERECE MI PERDÓN!

#MochilasPesadas

La vida hay que transitar con cargas livianas que te permitan alcanzar el propósito específico para el cual fuiste creado sin mucha dificultad. Y la mayoría de las piedras que cargamos están en nuestro corazón.

Falta de Perdón…

NO SE MERECE MI PERDÓN!

Probablemente alguien que te haya provocado mucho daño no se merezca tu perdón, pero sin dudas creo que tu mereces perdonarlo. La falta de perdón se manifiesta como una carga innecesaria que podemos arrastrar una vida entera. Esta carga obsoleta nos hace avanzar mas lento en la vida, nos condiciona en nuestras relaciones interpersonales y nos limita desmedidamente a alcanzar nuestras metas en la vida.

¿Has sentido ese nudo en el estomago cuando ves a la persona que te lastimo cerca de ti?

¿Esa sensación de incomodidad que te genera saber que ella o el está en la misma fiesta que tu?

O más aun la desagradable sensación que te lleva a desviar la mirada al hablar, o incluso atravesar calle para no cruzarte en la vereda.
!Que feo se siente el rencor!… no?

Se siente horrible, y lo mas triste es que probablemente la otra persona ni siquiera lleva en cuenta lo que ha sucedido. Una vez oí a una persona decir: “el rencor es como tomar una cucharada de veneno y pretender que el otro se muera”

Por eso creo que debemos liberar perdón, no porque la persona se lo merezca, sino porque nosotros merecemos vivir sin cargar con los errores ajenos dándonos indigestión.

YO NO PERDONO, YO NO DISCULPO.

La realidad es que hay una diferencia muy grande entre perdonar y disculpar que podríamos graficar de la siguiente manera:

Disculpar es una solución momentánea que improvisamos para salir de ese instante incómodo. Pero no es una solución definitiva.
Es leerle la sentencia la persona y guardarla en tu mochila de rencores, que vas arrastrando por la vida, haciéndole saber que esta vez la disculpa le hizo zafar su pellejo. Pero la próxima vez que lo vuelva a hacer, vas a sacar de tu archivero la lista de faltas que ha cometido contra tu persona, para fregársela en la cara lo errante que ha sido contigo.

Y así… Vas por la vida avanzando lento, por el peso que te provoca cargar esa mochila de disculpas que vas juntando de aquí y de allá.

En cambio el perdón es una solución definitiva. Es tomar la falta de la persona, prenderla fuego al archivo y soplar al viento las cenizas. Es dar por hecho que nunca ha sucedido nada. Eso te permite correr liviano por la vida. No dejes que tu pasado condicione tu presente y condene tu futuro, no es algo que te mereces.

SOLO DIOS PUEDE PERDONAR

Muy erróneamente a lo que muchos creen, Dios te ha dado la facultad de perdonar. Y te la ha dado también como una herramienta indispensable para recibir su perdón.
Muchas veces hemos repetido como loros pero sin atención, la oración que el mismo Jesús nos enseño: El Padre Nuestro.
Presten atención a ese párrafo y la condición que Dios dispuso para que alcancemos su perdón: “Perdona nuestros PECADOS, como nosotros perdonamos a los que nos OFENDEN” (Mateo 6 :12-13)
Muy bien, ahora que le hemos prestado atención, entendemos que para que Dios perdone nuestro pecado, primeramente nosotros debemos perdonar a quienes nos han ofendido.
Y si Dios nos da como directiva, debe ser que sin dudas es algo que podemos hacer nosotros, que esta en nuestra capacidad, pero sujeta a nuestra decisión.

Personalmente, luego de años de sufrir el rencor en mi interior a causa de ofensas tontas, que hoy me causan mucha gracia y son solo anécdotas y luego de haber decidido perdonar, pude recuperar relaciones familiares, amistades e incluso sentirme libre como para acercarme a Dios confiando en que El no esta ahí esperando para acusarme, sino para abrazarme.

Las ofensas llegan a nuestro corazón como una semilla venenosa. Ni bien toca tierra, extiende sus raíces llegando a aferrarse muy fuerte en lo profundo de tu corazón. Pasado el tiempo, esas raíces toman fuerza y la pequeña semilla que una vez pudo haberse quitado con los dedos se ha vuelto un frondoso árbol arraigado fuertemente a tu corazón.

Es el momento de perdonar.

Mi propia experiencia me ha enseñado que el momento ideal para perdonar, es el instante siguiente al que me hayan ofendido.
La practica del perdón comienza con esfuerzo, pero a medida que pasa el tiempo uno la naturaliza. Entendiendo que mientras mas tiempo guardemos el rencor en nuestro corazón, mas difícil será quitarlo de el.

Yo te invito a abrir tu corazón en este día, drenar de todo aquello que te duele, de lo que no deberías estar cargando y que solo te daña. No cargues con la culpa de los errores que otros han cometido contra ti. Puedes estar seguro de que cada quien cosecha de su siembra.
¡Es tiempo de empezar a disfrutar de todo aquello que el rencor te ha impedido!

Dios bendiga tu semana.
“El que perdona la ofensa cultiva el amor…” Proverbios 17:9

Daniel Ayala

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