#Autoconvocados
Al igual que los piquetes, los cacerolazos como forma de protesta llevan estampado el sello de «industria argentina». La medida tomó fuerza cuando en 2001, en medio de una crisis feroz y tras la puesta en marcha del corralito -una batería de disposiciones por la que los ciudadanos dejaron de disponer libremente de su dinero-, millones de argentinos salieron a la calle para hacer escuchar su voz. Entonces, el mensaje era contundente: que se vayan todos. La situación era insostenible para gran parte de la sociedad que, tras una década de menemismo y dos años de gobierno de De la Rúa, ya no podía confiar en los políticos.
Desde entonces, hace más de dos décadas, la medida se utilizó en incontables situaciones aunque ya no con tanta fuerza y cohesión. Suele ser la predilecta ante los vaivenes económicos y fue la que utilizaron miles de ciudadanos -especialmente en las grandes ciudades- para manifestar su malestar por las medidas en determinados momentos de la pandemia.
Hoy, con una creciente incertidumbre financiera y un dólar que escala a diario -el peso perdió más de un 25% respecto a la moneda estadounidense en las últimas tres semanas-, distintos sectores llaman a «despertar». La queja silenciosa empezó a hacer ruido y está tomando la forma de un cacerolazo.
En las redes sociales y en los grupos de WhatsApp empezó a circular la convocatoria a un cacerolazo a las 20 horas.