¿CUÁNTO IMPORTA LA EDUCACIÓN? ESCRITO POR MARCELA, LALY Y CLAUDIA «DOCENTES MISIONERAS»

Nota opinión:

En una sociedad marcada por conflictos constantes, por inestabilidad y por la violencia, la educación es el único espacio en el que se podría visualizar una salida a estas situaciones que hacen difícil la convivencia social. La educación es fundamental por diversas razones que impactan directamente en el desarrollo de una persona, en su vida laboral y profesional. Es un requisito previo para acceder a determinados empleos o carreras profesionales. Además, una mayor educación, en muchos países, abre puertas a oportunidades laborales mejor remuneradas y con mayores posibilidades de crecimiento profesional. En un mundo en constante evolución, donde las tecnologías y las tendencias del mercado laboral cambian rápidamente, la educación es clave para adaptarse y mantenerse relevante en el ámbito profesional. Quienes valoran la educación continua y el desarrollo profesional tienen más probabilidades de sobrevivir y prosperar en un entorno laboral dinámico.

Pero, ilustrar la educación con discursos grandilocuentes (personalizada, inclusiva, disruptiva, que impulsa tecnología y robótica, por ejemplo) no la hace efectiva si no está acompañada del compromiso ineludible de los actores que conforman este proceso. En un país donde el mérito ha cambiado el sentido del esfuerzo constante por una concepción de contactar a individuos instalados en lugares precisos con acceso a designaciones desde el poder político es inevitable que la educación retroceda de aquella conceptualización a la que nos referíamos al principio y que hoy resuena como eco de un idilio entre una sociedad que ya no existe con ideales que tampoco existen. Si bien esto puede ser controvertido, es suficiente observar que el enunciado “educación como prioridad” se diluye entre discursos y relatos, entre acusaciones y excusas. Existen varios aspectos que se deben tener presentes para analizar el proceso educativo que se ejecuta desde hace mucho tiempo en nuestro país y en nuestra provincia, en particular.

¿Podemos decir que Misiones ofrece posibilidades para que sus habitantes se desarrollen en este proceso que es obligatorio desde 2006 en nuestro país? Sí, podemos hacerlo. ¿Cuáles son las características de esta trama compleja que siempre deja algo más para apuntar y cuestionar? Es oportuno situarnos y llegar a la escuela para evidenciar la falta de mantenimiento del edificio, su estructura precaria como su instalación eléctrica, la falta de agua y sus insanas instalaciones sanitarias. Espacios reducidos (patios, aulas) para una creciente población estudiantil que recorre cada jornada lo que se podría llamar hacinamiento educativo en el que, por ahora, no precisamos cuestiones meteorológicas y de clima. La higiene del lugar se ve limitada al insuficiente personal de servicio cuyos sueldos son igualmente insuficientes. ¿Desde dónde llegan los alumnos, esos niños y jóvenes más obligados a asistir que sedientos de aprendizajes? ¿Qué objetivos traen a la escuela, si el caso es que traen alguno? ¿Vienen buscando conocimientos o el plato de comida del comedor o la constancia para que su familia esté incluida en algún plan que el gobierno de ese momento propone? Tal vez, ese estudiante que no estamos seguros de que estudia viene a buscar la contención de algún docente, directivo o personal de servicio; ya que en su hogar no lo tiene o, peor, es su vivienda y no su hogar el lugar que le genera malestar, resistencia, rebeldía y violencia.

 Y, dentro del guardapolvo más grande, ¿Quién está? ¿Quién es ese docente, con o sin guardapolvo, que está al frente de la clase, que es el adulto responsable de un grupo que en cantidad supera su capacidad de atención? ¿Desde dónde vino a dar clase a esta escuela? ¿Cuántas más recorre en el día? ¿Comió? ¿Con quién dejó a sus hijos y en qué condiciones? ¿Cómo hace para sobrellevar una inestabilidad económica prolongada por años, un sueldo que lo hace rozar la indigencia y un recibo en el cual abundan los conceptos “en negro”? ¿Cómo hace para que esa inestabilidad no afecte su concentración, sus emociones, su añorada “capacitación constante”? ¿Cómo ha llegado al cargo que ostenta, por mérito propio o por el movimiento de un dedo poderoso? Porque, definitivamente, también esto afectará a sus luchas y condicionará sus movimientos.

¿Responsables? Muchos.

Una situación de la que, sin ser especialistas o afectados, todos opinamos. Solo opinamos, a los gritos, en las redes, opinamos. Una situación que merece debate; ese concebido como el intercambio de ideas y posibilidades, ese que significa escuchar al otro para saber qué piensa; no el que motiva escuchar para, al mismo tiempo, elucubrar respuestas intimidatorias, audaces, ofensivas. Ese debate que se ha perdido en los grandes espacios de la democracia en el que fuera protagonista. Ese debate que hoy no existe, que fue arrasado por el autoritarismo verborrágico, es el responsable de la existencia de más cuestionamientos que certezas, de más disidencias que coincidencias, de más incongruencias que aciertos y que, aun así, podría correr el riesgo de que nos preguntáramos ¿Cuánto importa la educación?

Marcela Gómez                             Laly Gómez                                          Claudia Burg

Docente                                        Docente                                                  Docente

San Vicente                                   Santa María                                           San Javier

NUEVO RADICALISMO – UCR

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