La morosidad en los créditos otorgados a las familias alcanzó su nivel más alto de los últimos diez años, según los últimos datos del sistema financiero argentino. El aumento de los atrasos en el pago de préstamos y tarjetas de crédito refleja un deterioro sostenido en la capacidad de cumplimiento de los hogares.
Los informes recientes indican que el porcentaje de créditos en situación irregular creció de manera constante a lo largo de los últimos meses, ubicándose en valores que no se registraban desde mediados de la década pasada. Este escenario se da en un contexto marcado por altas tasas de interés, caída del poder adquisitivo y dificultades para recomponer los ingresos reales.
Si bien el crédito al sector privado mostró una leve expansión, la proporción de deudas con pagos atrasados entre las familias se incrementó de forma significativa. El fenómeno impacta principalmente en los préstamos personales y en las tarjetas de crédito, donde se concentra la mayor parte de los incumplimientos.
En contraste, otros segmentos del sistema financiero, como los créditos hipotecarios, registraron un impacto menor, aunque también muestran señales de deterioro en los niveles de pago.
Especialistas advierten que el aumento de la morosidad ya no se limita a los sectores de menores ingresos, sino que alcanza a hogares de clase media que hasta hace poco mantenían un buen historial crediticio. Esta situación genera preocupación sobre el acceso futuro al crédito y obliga a las entidades financieras a endurecer sus condiciones de otorgamiento.
El crecimiento de la deuda impaga de las familias expone las tensiones que atraviesa la economía doméstica y plantea un desafío tanto para el sistema bancario como para la recuperación del consumo interno.