#ArtedeGobernar
El oficialismo terminó subiendo la apuesta sin contar con fichas suficientes. Y unificó a la oposición. Fue central y cargado de especulaciones el papel de Máximo Kirchner. Inquieta la lectura externa, en medio de las tratativas con el FMI y representa una señal para otros planes del Gobierno.
Alberto Fernández definió el rechazo al Presupuesto 2022 como un “problema inesperado”. El Presidente eligió esa calificación para referirse al revés en Diputados y lo hizo en diálogo con Kristalina Georgieva. Fue un primer reflejo para tratar de amortiguar el impacto en la negociación con el FMI. Puede además que la evaluación como “inesperado” aluda a la magnitud del resultado en la Cámara baja, con 132 votos en contra del proyecto -indefendible, mezcla del texto original de Economía y decenas de arreglos- y 121 a favor. Sin embargo, era esperable que el resultado electoral de hace apenas un mes tuviera proyección en el Congreso: la negación de la derrota tiene límites. El resto fue un juego perdido en el tablero de las internas.
Lo ocurrido ayer en Diputados sacudió al oficialismo. El foco estaba puesto en los motivos que precipitaron la actitud de Máximo Kirchner. Y las especulaciones iban desde la falta de experiencia y muñeca para manejar la situación -después de casi veinte horas de sesión- hasta un deliberado encendido de la mecha para hacer fracasar el Presupuesto y mostrarle a Olivos poder político efectivo, no puras declaraciones.
La movida para pasar a un cuarto intermedio y rediscutir el tema en comisión abría la especulación sobre posibles fisuras en el conglomerado opositor. No era seguro, pero al menos sugería una chance para el oficialismo. Significaba un reconocimiento del revés -la imposibilidad de garantizar la aprobación del Presupuesto- aunque dejaba un margen de expectativa. El discurso de Máximo Kirchner terminó de precipitar un rechazo en bloque de JxC y de otros sectores.
Se trata de una derrota potente que desdibuja incluso la idea previa de contraatacar acusando a Juntos por el Cambio de obstruccionista y, más aún, de destituyente. La caída fue a manos de un arco más amplio que JxC. El bloque del Frente de Todos dijo que se trató de un “golpe a la recuperación de la economía”. Y Martín Guzmán advirtió que impacta negativamente en las conversaciones con el FMI.
Eso último apunta al análisis externo sobre las complicaciones para cerrar un acuerdo de facilidades extendidas con el Fondo. El ministro apuntó a minimizar el impacto de la interna del oficialismo. En esa perspectiva, tal vez lo más inquietante sea la exposición de las dificultades del Gobierno para avanzar en el Congreso. Y sobre todo, la falta de voluntad o temple para allanar el camino a un acuerdo político.
El estreno de la nueva realidad en el Congreso expresa un mensaje que va más allá del tema específico del Presupuesto. Es una señal más amplia hacia el Gobierno y el kirchnerismo duro. Cierra las puertas a los proyectos judiciales ya congelados -reforma del fuero federal y modificación de la normativa para los fiscales- y deja a la intemperie el intento de avanzar sobre la Corte Suprema.
Eso último y otras declaraciones -como la genérica propuesta de traslado de la Capital, sin proyecto concreto- suenan por momentos a intento de cambio de agenda política. No parece mucho frente a las estribaciones del resultado electoral de hace apenas un mes.