BUENOS AIRES, 6 DE ENERO DE 2026. — La economía argentina se encuentra en un punto de inflexión donde la narrativa oficial y los fríos números del Banco Central (BCRA) parecen contar historias distintas, aunque técnicamente complementarias. Mientras el presidente Javier Milei ratifica que la emisión monetaria para financiar al Tesoro es cosa del pasado, los últimos datos oficiales revelan que la cantidad de pesos en el sistema sigue expandiéndose a un ritmo significativo.
El fin de la emisión fiscal
La piedra angular del programa económico de Milei ha sido el «déficit cero». Bajo esta premisa, el Banco Central dejó de imprimir billetes para cubrir los baches del gasto público. Esta es la «emisión cero» a la que se refiere el Ejecutivo: el fin de los adelantos transitorios y las transferencias directas al Estado nacional. Históricamente, esta fue la fuente principal de la inflación en Argentina, y su cierre es un hito que el mercado ha reconocido con una relativa estabilidad cambiaria.
Los datos del BCRA: 164 billones de razones
Sin embargo, el Informe Monetario Diario del BCRA con fecha al 5 de enero de 2026 muestra una realidad técnica ineludible. El agregado monetario amplio (M3), que comprende el dinero circulante más todos los depósitos bancarios, alcanzó los $164.064.076 millones.
Este número representa un salto considerable respecto a los niveles de hace dos años. La pregunta que surge es: si el Gobierno no emite para pagar gastos, ¿de dónde salen esos pesos nuevos?
Los dos motores de la expansión
Según el análisis de los estados contables del BCRA y el Tesoro, existen dos mecanismos principales que siguen «fabricando» pesos:
- La «bola de nieve» de los intereses: Aunque el BCRA saneó su balance, la deuda se trasladó al Tesoro mediante instrumentos como las LECAP. Estas letras pagan intereses para evitar que los ahorristas se vuelquen al dólar. Al capitalizarse o pagarse estos intereses, se crean nuevos pesos de forma «endógena». Con tasas que para los plazos fijos rondan el 26% TNA y tasas interbancarias (BAIBAR) superiores al 52%, la generación de intereses es un motor constante de liquidez.
- La compra de reservas: Cada vez que el Banco Central adquiere divisas para fortalecer sus reservas —que según el informe ya rozan los USD 41.894 millones— debe entregar pesos a cambio a los exportadores. Esta es una emisión «virtuosa» (porque hay dólares que la respaldan), pero sigue sumando pesos a la masa total.
El espejo de Japón y la teoría de la remonetización
El Gobierno justifica este crecimiento basándose en el ejemplo de Japón en la década de los 70, citado frecuentemente por Milei. En aquel entonces, tras la crisis del petróleo, Japón estabilizó su economía no eliminando el dinero, sino controlando que su crecimiento fuera previsible.
La apuesta oficial es que la Argentina está viviendo un proceso de remonetización: como la inflación ha bajado respecto a los picos del pasado, la gente y las empresas vuelven a querer tener pesos en sus cuentas. En este escenario, el aumento del M3 no sería inflacionario, sino una señal de que la economía está volviendo a la normalidad.
El desafío del tipo de cambio
Con un dólar de referencia en $1.469,61, el desafío para el 2026 es que esa enorme masa de 164 billones de pesos no se convierta en una amenaza. Si la confianza se mantiene, esos pesos circularán en la economía real; si la confianza flaquea, esa liquidez podría presionar sobre el tipo de cambio.
En resumen, la «emisión cero» de Milei es una realidad en los libros del Tesoro, pero la «expansión monetaria» sigue activa en el sistema financiero por el peso de la deuda y la acumulación de reservas. El éxito final dependerá de que la demanda de dinero crezca más rápido que la oferta.
Informe Banco Central