MENSAJE DE LOS DOMINGOS ¿ES NUESTRO MOMENTO?

MENSAJE DE LOS DOMINGOS ¿ES NUESTRO MOMENTO?

#AmorSiglo21

Esta semana alguien me preguntó: ¿COMO PUEDO SABER SI ESTOY EN EL MOMENTO DE ENTABLAR UNA RELACIÓN DE PAREJA CON PROPÓSITO DE MATRIMONIO?


En mi humilde opinión basado en mi propia experiencia creo que el momento mas oportuno para que una persona decida entablar una relación de pareja, si pudiera tomar esa decisión, seria en el que se sienta estar en un estado de integridad absoluta.

Cuando hablamos de integridad debemos referirnos a lo literal. Si tomamos un diccionario y buscamos la palabra «íntegro, íntegra» este sería el resultado:
1. Adjetivo [Cosa] Que está completo o tiene todas sus partes.
2. [Persona] Que posee entereza moral.

Es decir ese momento donde se sienta completa, independiente y autosustentable; tanto emocional, almática como sentimentalmente. Y económicamente por si fuera mucho pedir.

Cada individuo que decida establecer una relación sana y estable debe alcanzar justamente ese carácter como tal, ser un individuo integro, completo. Y no necesitar de nada ni nadie que lo mantenga en ese estado de individualidad integral.

Entonces… ¿Debo ser egoísta? No, en absoluto. Tal candidato debe sentirse que ha desarrollado todos los pilares para ser por si mismo una persona completa. Y no sentir la necesidad de que le falta algo o alguien.

Creo que uno de los errores que cometemos al encarar una relación es creer que junto a tal persona nosotros seremos felices. O por lo contrario creemos que nosotros somos capaces de hacer feliz a alguien. Eso es un terrible desacierto que condena a muchos a padecer relaciones.

La plenitud de la felicidad debe alcanzarse por si mismo, de manera personal. Y aunque suene políticamente incorrecto, el agua que llena un vaso no alcanza para dos. Es por eso que si una persona feliz decide encarar una relación con una persona infeliz, el resultado casi seguro de esta ecuación será dos personas infelices.
Porque es un hecho de que es más fácil derribar a una persona estando abajo, que levantarla a nuestro nivel si estamos arriba.

Volviendo al tema de la integridad e individualidad, la biblia nos enseña un principio para que una pareja pueda sostenerse como tal eternamente. En Génesis 2:24 dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.

Desglosemos entonces el versículo:
“Por lo tanto el hombre (la persona), dejara a su padre y a su madre…”
Esta oración nos indica que tenemos que ser individuos independientes, quienes han alcanzado su madurez como para desprenderse de lazos almaticos y emocionales con otros seres. Ya sean sus padres y/o también sus ex parejas. Porque si esos lazos no se han roto aun, van a ligar todas esas personas a una nueva pareja y es lo ultimo que queremos en nuestra relación, ya que entendemos que es una cuestión de a dos.

También se puede aplicar a otras áreas de nuestras vidas. Si el galán es dependiente económicamente de sus padres, difícil será que asuma el papel de proveedor de su familia la cual debería depender de el y no “vivir a costilla de los suegros”.

O en el caso de la dama, que pretende iniciar una relación, debe haberse desprendido almáticamente de sus padres, y no ligar a “la suegra” a las decisiones que se deberían tomar en un ámbito de pareja. No puede una joven tomar la responsabilidad de ser una madre si todavía no se ha desprendido de su “carácter de niña consentida” por sus padres. Y haberse convertido en alguien que deje de depender, para empezar a sostener.
Debería haber generado un estado emocional estable, porque una relación de pareja es un compromiso importante y se supone que es para personas adultas y responsables de sus decisiones.

Solo generando una independencia podremos evitar que terceros se inmiscuyan en algo tan privado y sagrado como una relación de pareja.
Lo siguiente que leemos es: “…se unirá a su mujer (a su pareja)…”
Este es el punto más importante a tener en cuenta. Es el momento justo del compromiso y de estar al tanto de que significa tan trascendental paso a dar.

Dios nos enseña que el matrimonio como tal es una institución eterna. Y que habiendo dos seres independientes e individuales que han alcanzado la madurez para encarar este viaje de ida y sin retorno deberían entender que ya no serán dos, sino que una vez habiéndose consumado el acto matrimonial, sus potenciales individuales se van a amalgamar en uno solo. Como dos hojas de papel cuando son pegadas cara a cara. Se complementarían de manera perfecta haciendo una tercer hoja, mucho mas gruesa, de mejor calidad.

Pero ¿Que sucedería si luego intentáramos separarlas?

Probablemente haríamos un desastre, romperíamos las hojas y parte de una, quedaría pegada a la otra. Esto es lo que sucede cuando un matrimonio se disuelve a causa del divorcio. Aunque creamos que volvemos a ser seres independientes, en realidad parte nuestra quedara pegada al alma de alguien mas, y mucho de lo de nuestro cónyuge estará pegada a la nuestra. Que desorden generaríamos y que dolor nos provocaríamos.

Es por eso que tan compromiso debería ser tomado muy en serio. Y entender que no es un capricho que Dios deteste el divorcio, sino nos ama tanto como para cuidarnos de lastimarnos a causa de nuestra errante decisión.

“Y Seran una sola carne.”

Efectivamente, es el momento mas sublime que una pareja pueda experimentar. Es el instante exacto donde el cielo se alcanza con las manos, fruto de esta maravillosa experiencia que Dios nos permite disfrutar. Es el deseo de Dios hecho realidad. Y aunque la religión muchas veces nos enseño erróneamente que es algo vergonzoso, es el mismo Dios quien llena su corazón de felicidad cuando el novio quien representa a Jesús, y su esposa quien representa a la Iglesia encuentran la plenitud al relacionarse el uno con el otro en un momento tan hermosamente único de intimidad.

Dios se vale de este maravilloso momento de placer para que todo vuelva a surgir cuando somos capaces de producir un nuevo heredero o heredera que llevará nuestros principios, que son realmente de bendición, como un legado de generación en generación.

Dios te bendiga.

Daniel Ayala

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